Capítulo 14, primera parte.

Carlos

            Si estas fueran hojas de papel, ya las hubiera arrancado todas y las hubiera quemado. Pero no lo son. Cual revolucionario, estoy escribiendo desde una laptop. Estoy entre escribir una nueva entrada de blog o borrarlas todas, cerrar mi lap y continuar con mi vida y dejarme de mamadas. ¿Recuerdan la anterior sobre mi amigo y sus fetiches? Yo sí, mi vida está llena de trivialidades así, pero son graciosas. Él ahí sigue pero ya tiene otro nuevo amor de su vida. Mientras él se preocupa por conseguirlas más buenas, a mí me dio por tener miedo por las elecciones que estaban por suceder.

            Así como así, de pronto empecé con una ansiedad de las cosas. Prometo que me llamaba un apático de la política más por flojera que por otra cosa, como todos. Pero antes del triste día del primero de julio, yo tenía esperanzas. Pasé de una negatividad, a un temor, a una ansiedad, a una preocupación. Pa’ qué decir que todo terminó en una decepción. Pero antes de esta, tomé un cuaderno, dividí en cuatro partes todo, puse sus nombres. Leí, investigué, busqué noticias, todo. No tardé en decepcionarme al escribir su historia académica, pero aun ilusamente pensé que el menos preparado sería el que lógicamente tendría menos oportunidad, la gente no quiere a un imbécil por presidente. Tan pronto hice ese juicio, llegué a la parte donde vi quiénes eran las parejas de los candidatos. Pues ese menos preparado tenía todas las de ganar cuando vi a su esposa. ¿Recuerdan aquellas pláticas en la marcha sobre la política y la farándula juntas? Ahora entiendo todo.

            En hojas del papel, antes de tener información y bien despreocupadamente escribí en la sección del “menos preparado”: Atenco. Cuando comenzaba a leer noticas, testimonios, ver fotografías y demás, perdí aire,  tuve escalofríos. —¡No mames¡ —Dije en voz alta. No escribí nada del suceso, y como niño sin poder describir su sentimiento, puse una carita triste.

            Solté la pluma y pensé. Lo que da más pinche miedo es pensar que haya él dado alguna orden de ese tipo o no, es su responsabilidad. Por otra parte la gente que obedece ese tipo de órdenes es esa misma que en tiempos medievales viola a las mujeres de pueblos que conquista. Haya sido o no una orden de crimen, se fue más allá de lo perdonable. Fue cuando recordé la cara de mi tío al contarme lo ocurrido en Tlatelolco. No como víctima, sino como policía. Creo que él nunca se lo va a perdonar. Lo bueno es que las televisoras nacionales se han dedicado a poner al Estado de México en alto y nadie sabe qué pasó en Atenco. O lo que pasó en Acteal. O en Tlatelolco. A quién le importa.

            —¿Ya sabes por quién vas a votar?

—No voy a votar.

—No mames, ¿y eso?

—Pues no.

—Qué pinche indiferente, por eso estamos como estamos por gente…

            Otra vez la burra al trigo con sus frases malgastadas. Pues me ahorro el resto del discurso que le siguió a aquella afirmación. Seguro ya lo saben. Aquel discurso moralista lleno de intenciones de provocar una culpa que provocara en mí el deseo y la esperanza de un México mejor, que votar cambiaría todo. Y sí, o no.

            —Güey, a ti no te importa nada. Ya en serio. Mínimo ve a la marcha.

            —No iré a una marcha, tal vez no tengo mucho qué hacer pero tampoco tengo todo el tiempo libre.

            —No haces nada, sólo entrenas y entrenas. ¿Para qué? El deporte de alto rendimiento además de ser mortal, es difícil que alguien logre algo. Qué hueva eso de las olimpiadas y así. Mejor haz algo por tu país y vota. Y ve a la marcha

            —Recuérdame, ¿para qué es la marcha?

            —No queremos a ese… como candidato.

            —Y si lo cambian, ¿seguro pondrán a uno que sí es bueno?

            —Al menos preparado.

            —¿Menos corrupto?

            —Pues que no deje al país en quiebra.

            —¿Como el orejón?

            —Pinche criticón cabrón, no vuelvo a comer sushi contigo. Por cierto, ¿recuerdas esa vieja…?

            Pa’ qué les cuento lo demás.

Pinche amigo pendejo que ni sabe nada.  Veré como la “democracia” en México se va al carajo sin poder hacer nada, que igual tampoco sirve. Retrocediendo como sociedad, la libertad de expresión continuará hundiéndose. Unos marchando frente a televisoras cínicas, otros criticando el sistema mientras beben Starbucks, otros viendo telenovelas mientras se quejan del precio de las tortillas, otros como yo, entrenando y superando sus fantasmas que nos los dejan en paz pero ¿y eso como pa’ qué sirve?.

 

Por cierto, a mi amigo le dio por votar por el candidato del que todos nos burlamos porque cambió de morra y ella creía que pues “hay que confiar y creer en alguien”. Total, creo que mi amigo hasta tiene algún puesto en algún grupo de esos activistas. Bien raro.

 

Por cierto, no voy a votar porque me faltaba mucho para cumplir los 18.

           

 

 

Rodrigo

            Fiestas patronales. Varían de norte a sur y de centro a costa, cada una con comida diferente, cada santo diferente y costumbres diferentes. Yo fui partícipe de ellas por toda mi infancia, de una u otra manera cada año va cambiando la manera de vivirla y contemplarla. Barbacoa el viernes, gorditas, atoles, tamales, pambazos el sábado para desayuno. Comer asada y se cenar tacos de pastor. Dulces, pan y demás el domingo por la mañana a la espera de la comida con mole del lunes por la tarde. Sean tres o cuatro o más días hay comida a todas horas en todos lugares y para todos. He ahí dónde mi abuela me enseñó a cocinar para muchas personas, demasiadas. Recuerdo que un día muy valiente le dije que me despertara temprano a ayudarle. A las 4 a.m. muy cariñosamente se paró a despertarme y me dijo que le ayudara, nos pusimos a picar verduras,  a cocer otras y a amasar masa. Que si mataban al puerco, que si el borrego o el chivo. A ordeñar y hervir la leche, llevar a moler el maíz. Todo para satisfacer paladares y no sólo llenar estómagos. Ocho de la mañana, nueve, mediodía para que a las dos se sirviera la comida. Todos comen, ríen, toman y siguen la fiesta, las mujeres: siguen trabajando en la cocina.  El resto de la tarde más tortillas y más lavar trastes, y vaya que en mi caso había gente que limpiaba, no es como que mi abuela fuera la señora que todo hace, pero aun así era demasiado trabajo. No es por nada que esos días en la noche yo caía rendido y ni ganas de divertirme en las ferias, digo, también me divertí.

 Pero fui de esos niños que le tenían recelo a ciertas tradiciones, yo a esas fiestas patronales donde todo me parecía un gasto de dinero, y aunque mi padre era orgulloso aportador, además de por ser de los más ricos, era un deber social. A diferencia de otros niños yo limitaba mi juego y diversión, claro que me subía a los juegos mecánicos o jugaba a las canicas a ver si me ganaba el peluche más grande. Alguna vez gané unos cuantos premios, pero no pasaba de ahí. Aún recuerdo esas caras alegres, borrachas, sudando y serias al momento de los actos religiosos. Por religiosos no sólo me refiero a la misa, sino a cualquier tradición que se vuelve tan  importante para algunos que no las cambian por nada. Cuántos amanecían muertos en alcohol por celebrar a  San Pedro Campesino, y San Algo en otros lados, todo un desgaste de un año para gastarlo en tan pocos días. Desde entonces me formé a la idea de estar yo para organizar lo que los otros gastan, de estar tras bambalinas en eventos de los que otros se deleitan y dónde yo gano. Tantos recuerdos que parecen tan lejanos y distantes, pero son esos que sabes que  han hecho algo de quien eres.

Y así con esos recuerdos, saliendo del restaurante fue cuando me dirigí al hospital dónde estaba mi padre. No le avisé a nadie y sólo vine, y aquí estoy sentado en un pasillo pulcro en unas sillas algo incómodas. Afuera de una habitación a la que no me atrevo a entrar aún. La enfermera amablemente me comentó que mi padre dormía y le dije que esperaría y aquí estoy, recordando y escribiendo en mi portátil. Aunque me pareció curioso no ver al resto de mis familiares, me dijeron que todos acababan de irse a comer algo y no tardarían. No me pareció extraño hasta cierto punto saber que mi padre estaba estable y el servicio del hospital era excelente por lo que les debió haber costado. Mi padre siempre fue ese Señor respetable en el pueblo, el hombre rico que simpatiza con todos y al que todos buscan y él a quien todos quiere apadrinar. Sin él las fiestas no se hubieran hecho, no sólo por el dinero que aportaba sino por el entusiasmo de conservar ideas y tradiciones, no lo aprobaba y aún quería entender por qué él estuvo al pendiente te todos y en una distracción se olvidó de mí. La verdad es que hay cosas que le culpo, no así decisiones que yo tomé como irme de la casa y no volver jamás, y aquí estoy. Sentado afuera de su habitación, con la respiración poco agitada y buscando la manera de distraerme, pensando si armar algún discurso profundo o ser simple y preguntar cómo está. No sé qué hacer, no imagino  su cara. Tengo miedo de su reacción aunque sé que él me estaba buscando. La enfermera me acaba de anunciar con una voz casi susurrando que ya despertó y podía pasar a verlo y yo bueno… no sé. Es momento de entrar, espero no desmoronarme, otra vez.

 

El cambio está en uno

“Que según esto el cambio está en uno, como si yo tuviera el poder sobre los impuestos, el narcotráfico, la burocracia y el crimen organizado”

César Camacho

 

El (triste) comienzo de un nuevo México.

Yo.

Este, Enrique Peña Nieto es el inicio de un retroceso de todo tipo. Si tuviste una victoria legítima, no marcharé a lado de Andres Manuel Lopez Obrador ni algún político. Si lo hago, será para iniciar mucho de lo que haré por no morir sabiendo que dependo de ti y el resto de tus seguidores (algunos comprados por nada y convencidos por estupideces). Pero no me quedaré en una protesta. Dejaré de ser el mediocre que tal vez he sido. Y el país no seguirá adelante por ti. Ni por los muchos políticos que llevan en sus manos sangre y abusos. Sino, y tengo la última esperanza, de que sea de gente que está decepcionada como yo. Pero como yo, no se quedará en lo que hizo (aunque haya sido mucho), sino tomará en sus manos más responsabilidades de las que tiene. Yo así haré, estoy triste y decepcionado. De la mayoría de los mexicanos, de ti… y creo que de mí. Pero de mí no será por mucho más. Haré más.

Tragando palabras propias.

Mis palabras con salsa a la bolognesa, porque me encanta tragármelas. Mis palabras

Diego García

Capítulo 13, segunda parte.

Susana

 

            — ¿Mamá? ¿Me oyes? Estamos aquí contigo

            ¿Sí los oigo?  Ay mi’jo, sí los oigo.  Estoy aquí, intentando decirles que aún no me voy. Pero ya no quiero seguir. ¿Tú me oyes? ¿Se mueven mis labios? Creo que mis ojos intentan abrirse. ¿Están mis nietos aquí? Quiero verlos, diles que me iré sin conocer a ningún biznieto. Ojalá que los eduquen mucho mejor de lo que yo a ustedes y de lo que ustedes a ellos. Díganles a mis nietos y nietas que quieran muchos a sus esposas y esposos. Que no sean agrios, que les digan cuánto los aman y a sus hijos también.

            No quiero rendirme, quiero seguir viendo el amanecer, pero ya no quiero verlo desvanecerse tan pronto. No lloren mucho cuando me vaya, hemos llorado tanto que ya no creo poder seguir haciéndolo. Ya no quiero. Es más, no recuerdo cuándo fue la última vez que derrame alguna lágrima. Tal vez cuando era niña.

            Espero que así como yo cuándo estuve muy mal, les digan a mis yernos y nueras que los quiero mucho, que les agradezco todo lo que han hecho por todo lo que me han soportado y aun así, me hicieron sopa cuando no la quise. Me limpiaron cuando tiré todo. Le abrazaron cuando yo los maldije. Ellos son grandes por soportar a mis hijos y por hacer lo mejor por educar a mis nietos. Estos últimos empujoncitos en mi vida fueron porque me amaron casi como su madre, sin serlo.

            Yo ya estoy despedida del mundo, no abriré los ojos ni una vez más. Prefiero ir recordando uno a uno a mis nietos. Así si no abro los ojos, la muerte será menos dura para mí. No lo habré notado. Siento que en algún momento sin darme cuenta estaré en el cielo en el que tanto creí y habré dejado de respirar, de sentir. No puedo decir que este lapso entre la vida y la muerte es doloroso. Tampoco es feliz. Solamente es el momento más solo de nuestras vida, porque realmente morimos solos.

           

            —Susana, perdóname por no saber quererte. Por no dejar de ser yo y ser un buen esposo. Intenté todo al final.

            Sí, te perdono. Perdóname tú. Pero es tiempo de irme, es tiempo de que estés solo también. Disfruta a tus nietos, deja que te quieran.

 

            Es tiempo de irme, me esperan en otro lugar.

 

            —Adiós abuela, ya no pude despedirme.

            Adiós, mi vida.  No te preocupes, ya nos habíamos despedido. Yo ya no estoy aquí. Espero verte en muchos pero muchos años en otro lugar, allá arriba donde estaré yo. ¿Tú estarás allá? Espero que sí. Yo sí me acuerdo cuando hace algunos días lloramos juntos con algunos otros primos y tíos tuyos. Nos tomamos de la mano y pedimos a Dios por mi salud. Dimos gracias por todo lo malo y lo bueno. Todos lloramos, yo no pude. Pero sé que me recordarás con todo lo bueno. Pediste porque tuviera ganas, pero hay veces en las que estas se pierden o nunca estuvieron ahí. No creas que no me gusta vivir, lo disfruté muchísimo. Nunca me quejé. Siempre reí.

           

            Oigan, sí los puedo escuchar. Ah, ya recordé que ustedes a mí no. Bueno, es posible que sí, sé que así será. Pero bueno, aquí estoy por los últimos momentos.

 

            Elena, cada que veo tu mirada me veo a mí hace algunos años. Qué bueno que eres la mujer que siempre quise ser. Gracias por no llorar y recordarle a todos que sigan adelante y agradecerles por estar aquí, también estoy agradecida. Sé que no me dijiste que Gabriel está desaparecido, sé que lo resolverás. Te pido que no vayas muy lejos.

            Salvador, no dejes que tus hermanos olviden lo que tanto me enseñaron y aprendimos juntos, no dejes que tus hijos y sobrinos vivan como si la vida no tuviera fin. Gracias por todo. Dios es grande y lo sé gracias a ti.

            Sí, yo también puedo recordar cuando tejía a altas horas de la noche, hija. No sabía que tú me veías, de haberlo sabido no lo hubiera hecho para que no lo notaras. Perdóname por no saber cómo enseñarte de la mejor manera a vivir.

            A ustedes hijos los quise mucho también y sé que ustedes mí también. No supe cómo enseñarles a mostrar el amor, pero no se mueran con él adentro.  

            Sí mis vidas, los puedo escuchar. Tuve a unos nietos fabulosos y gracias por todo. Mejor guardo sus palabras para mí. Me las llevaré y las tendré para cuando, espero, nos veamos de nuevo.

 

            ¡Ay preciosa! Gracias por esas palabras. No sabía que tuvieras en esa mentecita tan pequeña pensamientos tan grandes. Gracias por permitirme ser una pieza de ese rompecabezas que tú dices que es la vida. Tú fuiste una gran pieza del mío también y sé que lo serás del mundo.

           

            No cariño, nunca es suficiente para estar con alguien. Pero estuvimos lo que tuvimos que estar. No dejes de ser el hombre que tanto quieres ser. Gracias por llorar conmigo y por mí. Gracias por tenerme en tu memoria.

 

            Gracias a ti precioso por dejarme ser tu confidente siendo tan pequeño. Tanto que tienes que decirle al mundo. No pares, nunca.

 

            Gracias por sus palabras a todos ustedes, gracias por todo. Gracias por estar aquí. Gracias por esos aplausos porque me voy. Los puedo escuchar, los puedo sentir. Gracias por creer que fui un ser humano ejemplar, inclusive con todos mis defectos.

           

            ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Adiós!

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Prueba

Prueba

Se hincó, pero no fue a la iglesia.


En la azotea de algún edificio dos señoras colgaban su ropa limpia.

Resulta man’ta, que uno ve cosas re misteriosas cuando trabaja con las señoras de harto dinero. Uno piensa que lo ha visto todo pero no.

—Ay pero si tienes re´poquito trabajando —contestó Roberta mientras tendía su ropa en la reja de a lado— Que se me hace que andas de chismosa, si bien que te gusta.

—‘Sea chismosa Roberta, porque bien que le gusta que se los cuente. Bueno ahí le va. Yo cuando llegué a casa de Doña Monterrubio, me di cuenta que es pero bien religiosa, es la que organiza un montón de cosas de la procesión esa de Iztapalapa.

—Dios la bendiga —dijo bien seria y se persignó.

—¡Ay sí! Dios se apiada un montón de ella. Pues viera que se apasiona un montón por las cosas de la iglesia, y la he visto trabajar bien duro para organizar lo que le toca de la procesión, ni sé bien qué es pero ella es bien emocionada del tema. Hay veces que la veo toda desvelada a la pobre que ni puede con su alma. Un día, dijo que estuvo toda la noche trabajando, y sí le creo porque tenía unas ojerotas. —La otra hizo unos ojotes y ésta siguió—: Me dijo ella «Por eso no tengo esposo Carmen, por andar duro y dale, por andar entregada en lo que es bueno ningún hombre se queda conmigo». Ese mismo día me dijo que había estado platicando todo el día anterior con el que la hace de Cristo y ni quiero sonar blasfema, pero es muy lindo el muchacho, ha de tener un corazonzote. Pero a mí que se me hace, dijo que lo estuvo entrevistando un ratote y que a fin de cuentas Dios le dijo que estaba bien. Quién sabe cómo Dios li hable.

—Ay no seas blasfema, todo lo imaginas mal.

—No Roberta, por eso digo que quién sabe. Yo no juzgo a la gente.

—Bueno síguele que está re bueno esto —se agachó por más calcetines para colgar mientras escuchaba.

—Bueno pues digo que Doña Monterrubio sigue sola por la vida, a mí se me hace que ahí sí diosito se porta mal con ella. Tan devota ella. Aparte vieras de verla, está re chula para la edad que tiene, se cuida un montón

—Claro, con tanto cosa que se ha de echar encima.

—Pues sí pero bien que le da resultados, ya quisieras estar así. —Roberta le negó con la cabeza y se volteó como indignada. Pero Carmen continuó quitada de la pena—: Le preguntaré que cómo le hace, igual nos dice. Pero aún no acabo de contarte. ‘Ira, la otra vez después de eso fue cuando comencé a pensar bien raro. Hay un señor que dice que le imprime todos los volantes que para el evento y un día llegó a la cada mientras la Doña no estaba. «Vengo a cobrar» dice. Yo bien asustada le llamé a la Doña y le dije que un señor así como alto de voz profunda venía a cobrar, que era el la imprenta dice. Total que me dice que lo pasara y que lo hiciera esperar en la salita que ella casi llegaba. Lo dejé pasar, vieras la carota de pispireto que se le puso cuando le dije que pasara. Pero esa misma carota se le quitó cuando le dije que la señora no estaba y reapareció cuando le dije que ya casi llegaba. En una de esas me dio miedo. Capaz que algo quería conmigo. Yo me puse a aspirar la casa que ni me di cuenta cuando llegó la señora ni cuando se fue el señor este. Ya pa’ cuando me di cuenta la señora bien fatigada me dice que se iba a dar un baño, que estaba bien acalorada. “¡Posoye, cómo no!” pensé yo.

—Ay no seas, te digo que eres bien mal pensadota.

—Pues hacía un calorón ese día. Ya me asomé y el señor ya no estaba en la salita, ni su coche afuera. Igual se había ido y yo ni un vasito de agua le ofrecí al pobre.

—Y el ese muchacho que la hará de Cristo, ¿ya no va? Ha de ser bien pesada su preparación ¿no?

—Pues es re bueno en eso de la actuación dicen. Y pues cómo no, imagínate ante tanta gente y responsabilidad que uno debe sentir lo que fue la pasión de Cristo. Y sí se siente re fuerte. Pues allá en la casa yo ni veo, cuando yo me voy él va llegando o cuando yo llego ya se está yendo.  Pero creo que la Doña es como su maestra, no de religión, pero como es parte de las organizadoras, pues le ha de saber bien al asunto,  y al de la pasión también.

—Ay tú, ojalá que diosito te castigue por andar malpensada de la gente que trabaja en Su obra santa. ‘Tas viendo y no ves que ese evento tan importante y tú pensando que hacen pues…cochinadotas.

—Explícame por qué la otra vez que abrí la puerta del cuarto tantito ella andaba hincada y él parado. Ni es cura ni están en la iglesia pa’ confesarse.

—¿Los viste bien?

—No pues me asusté y mejor me fui. Yo en la vida privada de la gente ni me meto ni quiero saber a’i como dicen, cada quién ¿no? Y ni me digas de los castigos divinos que bien jodidota ando con… —terminó a punto de llorar—.  Con todo esto de mi hija…

Roberta soltó la cubeta que cargaba y se fue llorando. 

Capítulo 13, primera parte.

Carlos

 

Bien raro, hoy por la tarde después de echar el fucho, un amigo me pidió que lo acompañara a comprar la despensa y así sudados, fuimos al súper. Como acostumbro hacer cada que voy al súper, tomé una revista de automovilismo e iba pendejeando. Nunca me preocupé sobre lo que le iba vaciando al carrito pero noté que iba algo vacío. Despreocupado de la situación íbamos de un pasillo a otro intercambiando algunos comentarios sin chiste del día y la escuela y demás. A veces incluso escuchaba que se hablaba él solo como asegurándose de llevar todo lo que necesitaba. Yo seguía en la pendeja. Llegamos a la caja a pagar y él colocó sus compras sobre la banda. Repito, yo seguía pendejeando en la revista.

—¿Encontró todo lo que buscaba?

—Sí, gracias señorita.

¡No mames con su despensa! Fue el momento en que el volteé a ver por primera vez todo lo que había comprado. No terminando con mi asombro, la señorita parecía emocionada cobrando cada uno de los productos y le volteaba a ver casi coqueteando. Él se limitaba a observarla empáticamente y sin mirarme. Yo creo que sintió que le andaba buscando la mirada hasta que volteó a verme. Hizo cara de “qué chingados me ves” y seguramente mi expresión era de “qué pedo”. Es que no mames. La cajera al terminar de cobrar todo hasta parecía que lo seducía mientras le preguntaba bien amablemente que si quería participar en el redondeo.

No gracias— él contestó sin dar importancia al asunto.

Ahora ofendida por la respuesta negativa, la señorita se limitó tomar el dinero de éste. Su amabilidad ya se había desvanecido. “No mames”, pensé.  Ahora resulta que ella estaba más indignada porque no quiso redondear para quién sabe qué campaña de recolecta que quién sabe a quién ayudaría, pero eso sí, ella nunca se inmutó al ver lo que mi amigo compraba. Luego me vio raro como envidiosa de la situación. Fue hasta entonces que imaginé lo que a de haber pensado de nosotros dos. Pero no, a mí no me late por atrás. Salimos bien juzgados de homosexuales egoístas que no donan sus centavos. Que ella done todo su dinero o hasta sus calzones, pero que a mí no chingue.

Hablando de los juicios, yo seguía enjuiciando a Pepe, mi amigo, por todo lo que compró: su ‘despensa’. Seguimos caminando hasta su Jeep sin hablar una sola palabra. La neta yo esperaba que me dijera qué pedo. Él inadvertido de mi asombro caminaba y aleatoriamente me preguntó sobre mi novia. “Pues ahí anda” le dije. Supongo que esperaba que preguntara por la de él pero hasta donde yo sabía, no tenía.

—¿Pizzas, tacos o sushi?

—Sushi, el de la plaza— le contesté.

Ordenamos rollos y un par de cervezas, como hacíamos cada que comíamos juntos. Esperábamos las órdenes y seguíamos callados, él distraído por los videos que pasaban en la tele que estaba en restaurant de comida rápida.

—No mames, Jei-Lo está bien buena—. Me dijo sin perder la mirada de la tele y casi babeando.

Ignoré su comentario y tuve que preguntarle.

—¿Qué pedo con tus compras para hacer sexo tántrico?

—Ah pues nada, es que al rato veré a una niña, muy linda por cierto. ¿Te acuerdas de la chaparrita de vestido floreado el día que te encontré en el cine?

—¿Ajá?— Respondí aún asombrado.

—Pues es ella, Clau —respondió bien emocionado—. Verás, estoy saliendo con ella y la neta sí la veo como a mi novia.

—O sea sí. Pero, ¿para qué compraste tanta mamada? ¿Yogur y condones de sabor? Pues no es coctel de frutas, goei.

—Pendejo. Pues por eso te digo, que la quiero y la veo como mi novia. Será una cena romántica con velas, vino y a Barry White.

—No eh, bien original tú. Pero ¿y el yogur? —. Pregunté de nuevo con una cara de asombro.

—¡Ah! —. Y puso su cara de emoción al continuar—: Es que verás, después de cenar…

—Ya déjale ahí —lo interrumpí bruscamente porque no quería construir una imagen en mi cabeza de lo que ocurriría entre mi amigo y su ¿novia o qué era? Y continué—: ¿De cuándo acá tú tienes fetiches?, es más ¿desde cuándo coges con alguien que no es tu novia?

—Güey, la vida sigue. No es como que no superé a mi novia. Si no se me añeja.

—Pues yo no superaré el yogur. No puedo con la idea de combinar sabores de cosas que puedo comer con sabores de cosas que no puedo comer. Con razón nunca tienes pa’ los pomos. No me digas con Sandy siempre cogían con pétalos de rosa tirados por todo el cuarto.

—De las como mil veces que estuve con ella no siempre era romántico. Aparte esto lo hace más que tener relaciones, así es divertido y bonito.

—En el carro con un condón es igual sino es que más divertido. Aparte cálmate que mil veces, no es que como que se echaban el mañanero, el de la comida y la cena romántica todos los días, o sea.

—Bueno, cada quién, ¿no?

            Nos trajeron la comida y paramos la plática. Pero yo no dejaba de pensar en lo ocurrido desde la cajera. Primero somos juzgados por una cajera que le tiraba el calzón a mi amigo por comprar condones, lubricantes, yogur, vinos, velas y hasta sushi. Yo creo que se le hizo agua a la boca. Luego bien ofendida porque no quisimos donar nuestros centavos. Se me hace que es de esas que piensa que sí ayudará a un niño pobre. Luego Pepe con sus fetiches. Digo, cada quién.

            Sonó su celular.

—Hola pollita, ¿cómo te va?… Sí, estoy comiendo… No, no puedo hoy tengo un trabajo… ¿Mañana? Sí tal vez un rato, es que he andado ocupado… ¿Ayer? Estuvo genial, ¿no?…  ¿Tú papá no te dijo nada?… Sí un buen de pena que me hubiera dado… ¿Le dijiste que éramos novios?… Chale ¿se la creyó?… Pues a ver cuándo. Oye, te hablo luego que ando manejando… Sí, adiós.

            Me cagué de risa. Su cara lo dijo todo.

—Apuesto a que a ella no le llevaste vino y te ahorraste el motel.

—Si no me sale caro. Por cierto, me debes una del condón que te di. 

 

En mi casa todo sigue igual pero aprendí algo hoy: hay gente a la que le sale bien caro coger.

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Mintiéndome

Ningún hombre puede poner mucho tiempo una cara para sí mismo y otra para la multitud sin que, finalmente, se quede perplejo preguntándose cuál será la verdadera.

No man for any considerable period can wear one face to himself and another to the multitude, without finally getting bewildered as to which may be the true.

Nathaniel Hawthorne

Me cuesta tanto olvidarte.

Olvidar quince mil encantos es mucha sensatez. Y no sé si seré sensato. Lo que sé es que me cuesta un rato hacer las cosas sin querer. 

-Mecano

Tags: Frases

Capítulo 12, segunda parte

Miguel

Una de las cosas que Roco escribió y apenas encontré:

Yo estoy seguro de que me gustan las niñas. Tengo un novia y lo que más me gusta de ella son sus labios porque cuando besan mis cachetes se siente suavecito. También porque cuanto sonríen yo sonrío y porque cada que pronuncian mi nombre yo me pongo nervioso.

Pero mi primo dice que también me gustan los niños y dice que yo le gusto, pero cuando le conviene. Sus labios no me gustan porque cuando me besan la espalda pica y cuando me sonríe es porque está encima de mí y a mí me da miedo. Él dice que soy un joto y que lo que hacemos es algo normal pero eso me confunde. Yo no estoy seguro de ser joto porque con mi novia yo disfruto estar y con él no tanto y porque nunca termino lastimado con ella.

Mi primo dice que él no es joto y él tiene una novia también a la que cuando besa le dice que la quiere y a mí nunca me dice eso. Yo no entonces me confundo y no sé si me gustan los niños o las niñas porque yo accedo a quitarle la ropa a mi primo y creo que me gusta verlo sin la ropa puesta. Pero cuando él me la quita a mí, me abraza por la espalda entonces ya no me gusta y prefiero a las niñas, ellas no lastiman cuando te abrazan.

Yo le dije a mi primo que mejor ya no hagamos nada porque a mí no me gusta y entonces me dice que sí me gusta porque se me poner duro y que si no me gustara no se me pondría duro. Dicen que los niños comienzan a desarrollar su sexualidad como a mi edad y que cuando estamos en la pre adolescencia descubrimos quiénes somos y tal vez por eso me gusta mi primo, pero también me gusta mi novia. Aunque con ella no se me pone duro, cuando me toma la mano se me pone la piel chinita y me emociono y sonrío, pero cuando mi primo besa mi espalda también se me pone la piel chinita, pero no me emociono ni sonrío porque ya sé qué viene.

Me preocupa que mi papá sepa esto, también me preocupa cuando me manda a montar a Sargento porque si es después de que mi primo me abraza por la espalda desnuda, me duele cuando Sargento trota. Y sí me duele lo monto mal y me regaña más mi papá. Sargento, mi caballo, es grande y tiene el pello cortito y café y me gusta cuando corremos rápido porque cuando estoy llorando corremos por mucho tiempo. A veces ya no sé si me duele más montar a Sargento después de estar con mi primo o cuando me abraza mi primo, pero creo que ya me estoy acostumbrando. Mi primo dice que sí me gusta y creo que tiene la razón.

Ojalá que mi primo me quisiera pero de a de veras porque cuando le digo que ya no quiero verlo me dice que me quiere. Sé que no me quiere enserio porque cuando le digo que quiero verlo para que me abrace y no nos quitemos la ropa no quiere, sólo cuando me desviste me quiere, supongo que así es el amor. Pero no, yo también amo a mi novia y nunca nos hemos quitado la ropa. 

Capítulo 12, primera parte.

Roberto (apellido desconocido)


Hay muchas cosas que yo no entiendo. Entiendo que salí de las selvas centroamericanas con esperanzas de llegar hasta donde hay una mujer en medio del mar sosteniendo una antorcha que alumbra la oscuridad. He visto las fotos y parece mágico. Entiendo que cruzar la frontera sur de la selva es más peligroso que la del desierto, muchos se quedaron ahí. Entiendo que recorrer muchos kilómetros en tierras mexicanas puede ser peor que vivir en mi país. Pero lo que no entiendo es por qué. Por cierto, me llamo Roberto.

He visto como se cuece un huevo al calor del sartén, cambia de color. Creo que eso pasa con mi piel después de varias horas en La Bestia y hasta comienza a oler a comida. He visto como una planta se seca y se quiebra cuando no bebe agua. Creo que eso pasa con mis labios y además se pintan de rojo eventualmente. He visto como una fruta se achicharra con el paso del tiempo y se hace chiquita. Creo que eso pasa con mi estómago y duele mucho. Creo que todo esto lo entiendo y es más, ya sabía que lo tenía que sufrir.

No sé ni dónde estamos, pero me dicen que hemos pasado la mitad sur del país y creo por eso hace más calor que antes. Para entonces, ya no está Pepe ni Manuel, La Bestia los aplastó. Mi amigo el guatemalteco no logró escapar y se lo llevó la migra. La verdad es que ni me acostumbro, ya mejor ni amigos hago porque de todas maneras se van y entonces me dan ganas de gritar pero mejor me callo, no vaya uno a volverse loco. Unos dicen que es mejor viajar solo, y así sólo te preocupas por ti mismo. Te das cuenta que al final en cualquier situación estás solo. De lo que estoy seguro, es que es más fácil soportar la soledad a soportar la pérdida de tu familia, de tu esposa, de tus hijos o tus hermanos, quienes desaparecen en el frío de la noche, en el calor del mediodía o en el sonido de una bala.

Me han alentado en el camino con frases como “la esperanza muere al último”, y por poco comenzaba a creer que era cierto. Todo en el viaje parecía mejorar además de que los kilómetros para cruzar la última barrera al norte se acortaban. Hace algunas horas nos paramos en una pequeña ciudad, nos dijeron los ferrocarrileros que la gente nos podía dar dinero o comida y que fuéramos a buscar. Así hicimos. Y fue cuando creí de nuevo en eso que llamaban esperanza, además de darnos comida nos ofrecieron cuidados médicos y vi como en aquella casa había más paisanos y entonces pensé que las cosas iban mejorando. Mejor no me hubiera emocionado. Ayer, como todos los días desde que cruzamos la frontera sur, vamos temerosos y atentos a no caernos o se atrapados, pero ayer pasó algo diferente y comencé a creer que existen los demonios y que poseen a la gente. Porque estoy seguro de que personas no eran, esto era como el infierno.

Me dirán que el infierno y los demonios son cosas de leyendas y religión pero sino no, explíquenme qué pasa porque eso sí no lo entiendo. Demonios con caras de hombre, demonios con poderes del estruendo de un rayo, demonios con la maldad del mismísimo infierno. Primero fue Jorgito, el muchacho de 18 años que dijo que no tenía familia en el otro lado ni en su país y no había a quién llamar para pagar su rescate ni nada. Le dispararon en la rodilla, y tras una segunda respuesta negativa ahogaron su llanto con un balazo en la cabeza. Algunos dieron teléfonos y datos, y juraron por los santos que nos encontrarían si les mentíamos sobre los teléfonos y que nos chingarían. De todas maneras no estaban chingando la puta vida. A María la separaron de su esposo, a quién tiraron al piso con continuos golpes en la cara. A ella, a ella la rebajaron al más bajo nivel del infierno en vida que alguien puede llegar. Sus gritos terminaron y se volvieron lágrimas y cuando los ojos ya no tenían nada que derramar, entonces su cuerpo comenzaba a sangrar por las piernas. Pero no murió.

Espero que haya alguien en el cielo que se acuerde de todas las personas que han existido en la vida, porque estoy seguro de que nadie se acordará y reconocería a los que murieron aquella tarde. Me arrepentí de no preguntarle su nombre a un par de hermanos que no quisieron hablar y lloraron cuando los separaron a uno del otro y así sin más ahogaron sus gritos después de llamarlos niñas. Me arrepiento porque escuché que sus padres ya estaban muertos y que no tenían familiares y si sus padres ya no podían cuidar de ellos ya nadie sabría tampoco de que ellos respiraron alguna vez en este lugar. Murieron sin nombre como muchos esa tarde, como muchos durante todo el trayecto, como muchos que faltaban.

No sé cómo escapé de las manos de aquellos demonios si es que eso eran porque de hombres sólo tenían la cara. No somos capaces de matar a lo más jodidos ¿verdad? Porque si aquellos eran hombres y no demonios entonces no entiendo nada. Supongo que la única manera de asegurarme que aquellos niños no van a ser borrados de la memoria de todos es que alguien me crea cuando lea esto. A final de cuentas si me pongo a preguntar el nombre a cada persona y me pongo a querer a todos terminaré por perder a todos. Es todo, ya no tengo papel pero quiero que sepan que el viento que pega en mi cara no lo hace por lastimar, y el sol que se esconde tras las montañas se ve más grande y naranja que otros días. 

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“Si mis tristezas te causan alegrías
es por que tus reglas son distintas a las mías”

Calle 13

Capítulo 11

Anónimo.

Sé que no me quedé con el beso que te iba a robar pero prefiero quedarme con el primer beso que te di para que guardaras silencio. En todo caso hubiera sido mejor quedarme sin ese beso. Hablabas demasiado acerca de las expectativas de lo que pasaría en un futuro ante nuestro irreal presente y decidí que no me iría de ahí sin saber a qué sabían tus labios, porque ya sabía  a qué sabían tus palabras y aun así me encantaban. Seguro pasamos horas ignorando el poco tiempo que estaríamos juntos e hicimos planes y recordamos pasados. Bebimos cervezas y fumamos cigarros. Te reíste de mí y respondí con un golpe en el brazo de broma. Estuvimos recostados en el cofre del coche con frío, uno a lado del otro intentando ver las estrellas, hablabas de tus planes y yo escuchaba y me emocionaban tus sueños. Pero las situaciones siempre saben cómo tornarse pinches y arruinar las noches de la gente, en este caso la nuestra, y sería la segunda noche así. Pero prefiero quedarme con el primer beso que no pedía nada a futuro, que olvidaba el pasado y hacía del presente un momento que dijiste sería una experiencia. Tú sabías que no había futuro sin saber que yo también lo sabía, y no quería un futuro. Quería que te quedaras una noche conmigo y despertáramos preocupándonos por asumir las consecuencias. No iba a prometerte mi corazón, pero iba a prometerte que cuando te viera en un futuro iba a despreocuparme, de nuevo.  Pero me quedé sin tu mirada y sin el beso que ya no te iba a robar. No quería que te enamoraras de mí sino que te enamoraras del momento y que entonces después riéramos y lo repitiéramos. Te quedaste con el beso de despedida y el abrazo que no quería dejarnos ir, pero no supiste que ni pensaba yo. Por eso escribo esto para no quedarme con lo quería decirte, decirte que no pretendía tu amor, pero sí tu felicidad, no pretendía tus besos, pero sí tus sonrisas, no pretendía tus noches, pero sí tu carisma.  Ya no habrá emoción cuando regrese cerca de ti, no habrá cervezas, no habrá besos pero espero que haya una mirada de nuevo que me cuente que haya sido de ti, que me invite contigo, de nuevo…

Me quedaré con tu mirada y el beso que te robé. Quiero verte y voy a verte una vez más, Rodrigo.

 

Elena

Creo que el amor, me decía alguien mientras tomaba mi mano en la mesa de algún bar donde sonaba un trío muy de fondo y suave con unas copas a la mitad de un tinto chileno y otro tanto en la botella, es un sentimiento donde se decide y se aprende, también donde se arriesga. Cabe mencionar que el contexto era que aquel señor me estaba invitando a pasar unos días en Las Vegas con él, hizo énfasis en que la habitación del Encore me encantaría viendo sobre el resto de los hoteles y la ciudad. Sonreí con cierta ternura ante su frase un tanto inocente después de aquella propuesta que me hizo y le dije que yo estaba cómoda con lo nuestro y que era lindo. Las cosas para mí eran así: si el amor involucraba que en esas semanas de viaje él iba a darme un trato que me dejaría quizás millones de pesos por mucho tiempo entonces sí creía en el amor, no iba a desaparecer de los negocios por el amor. Su viaje implicaba mi ausencia unos días y semanas importantes tratando con gente arreglando asuntos legales de aquellos negocios que en efecto no daban tiempo al amor en Las Vegas. Claro está que él no sabía que si dinero no me hacía falta. El viaje se pospuso indefinidamente a planearlo con anticipación, por supuesto que aquella noche él olvidó el tema y dejo de insistir. Por supuesto que aquella cena no fue la primera ni era la última, solamente que él nunca había hablado de amor, demás está decir que realmente el amor no era tema central de nuestra relación. Si algo aprendí de la relación con mi esposo el padre de mis hijos, es que no podía prometer amar a un hombre que pretendiera ver por mi vida, honestamente aunque sí había hombres que me darían muchos más, ya prefería tener mi vida conmigo. Regresar a la cocina y a los cafés con las amigas ya no representaba una vida atractiva para una mujer que básicamente tenía en su mano el poder del contrabando y comercialización de mercancía textil en casi todo el país. Evidentemente ya varios hombres me habían prometido la luna y las estrellas, lo que no sabían es que yo también podía bajarlas.  Pido amar, que amar signifique llegar a casa y la cena esté preparada, llegar a casa y olvidarme del dinero, llegar a casa y sólo tener un abrazo. No quiero saber de los problemas de su vida, quiero desayunar feliz, no quiero que sepa mis problemas, quiero disfrutar nuestras noches. Por lo pronto, no quiero que sepa que mi hijo no está conmigo.

 

Carlos

Hay dos clases de personas, bueno más bien una: las que además de mentir se mienten. Me leeré bien listo pero no tanto, pero estadísticas revelan que una persona normal dice en promedio tres mentiras en una conversación de diez minutos, a las que hay que sumar varias omisiones y exageraciones más, al menos eso dicen estudios de una universidad. Bah! Cómo sea les faltó agregar la necesidad de hacerlo es a veces crucial, sino es que siempre.

Continué y terminé el diario de mi hermana, mucho bla bla bla bla. Me llevé varias sorpresas de quien era ella realmente, entre ellas que sí era una cursi. Había de todo, reclamos a la vida, a mis padres, a sus novios y ocasionalmente a mi hermano. De las cosas que más llamaron mi atención fue su parecido conmigo: ambos supimos cómo llevar una vida más o menos estable con la familia aunque en realidad éramos muy diferentes, y no por rebeldía, sino por necesidad. Necesidad de evitar peleas con mi hermano, antes de eso de evitar que mis padres tuvieran más problemas. Bueno, fuera de la vida familiar había otro detalle: nuestras relaciones personales. Si bien ella tenía ocasionalmente novios formales, leí bastante sobre otros encuentros y relaciones de un rato, y no precisamente sexuales. De mi parte sobra decir que pues era igual. El que se enamora pierde, ese como uno de nuestros lemas de vida, ella no sé cómo lo aprendió, yo lo aprendí viéndolo de mi mamá y amigas a mi alrededor. Y es que es la neta, pendejadas llega a hacer alguien por enamorarse, yo de mi parte preferí prevenir y no hacerlo. No niego ser ese muchachito adolescente que es el buena onda, el amigo de muchos, el amante de muchas. Soy ese joven inmaduro que cree no amar, que cree no enamorarse y que vaga por la vida esperando de los demás, dejándome amar y desear por tantas.

Sólo algo me llamó la atención: sus continuas menciones de alguien del pasado y los recuerdos.

Pero ya no quiero extrañar los besos de nadie ¿es mucho pedir? Creo que eso se acerca mucho a la felicidad.

 

Rodrigo

Me dijeron que el amor venía en forma de caricias, besos y cursilerías. Creo sólo era el empaque o me dieron mercancía corrupta. No porque precisamente el haberte amado fuera una pérdida de tiempo, sino además de dinero, y mucho. Pero ya hablando en serio, esperé que volvieras, no me importaba si era o no correcto, yo te quería a mi lado. Te hubiera creído hasta lo que no debe creerse con tal de que entendieras lo tanto que habías cambiado. En fin, esto no es una carta pero uno nunca sabe quién puede leerte.

Estoy más seguro de que el amor viene en forma de chocolate, descubierto en tierras desconocidas, como el amor de hecho. Químicamente el placer de degustar el chocolate es casi como el amor. A excepción de aquellos a quienes no les gusta el sabor, ni el amor, no es una trivialidad comerlo, y menos disfrutarlo. Alguna vez me pidieron un pastel de chocolate con fresa, si el cliente me hubiera visto la cara seguro se iba sin pagar la cuenta, pero al igual que en las relaciones luego piden tonterías, cual pastel de chocolate con fresa. Es algo que pocos saben seguramente, pero sabores como la fresa y el chocolate son incombinables en la repostería fina, ah, casi como nuestra relación. Todos pueden pensar que es rico, pero no lo es; puede sonar tentador la combinación, pero trae sus problemas; puede verse bien una fresa bañada de chocolate, pero está mal. Pudimos pensar que todo era perfecto cuando los días avanzaban y nosotros estábamos juntos pero se iban corrompiendo los buenos momentos a indiferencias que no notábamos. A la vista de los demás éramos el uno para el otro, alguien de los dos era envidiado, pero tampoco era tan perfecto. Sabía que si te pedía que te quedaras iba a perder lo poco que me quedaba de la dignidad que se había ido por las coladeras a través del tiempo juntos.

Por otra parte uno nunca compara el chocolate con nada. Cuando viene en forma de dulce no hay algo que se le parezca, cuando es pastel no tiene reemplazo así como ese cariño o amor que le llaman a veces, no tiene parecido. Una mordida me mancha tus labios y dejan huella en tus dedos que terminas chupando, ese pequeño momento de felicidad sin importar las calorías o grasas que ingieras es lo mismo que sientes por aquel gesto que en una relación te emociona, sin importar si al rato no todo será perfecto.

 

Germán

Por mi bien, registraré a manera de diario tipo periodístico lo que voy conociendo y lo que  siento, o de otra manera me volveré loco o algo. Hasta ahora sabemos que Eli, la amiga de Gabriel que murió en Tamaulipas parece no ser un hecho aislado al secuestro de Gabriel. Gabriel no iba solo en la camioneta. Lo que creo es que Gabriel o estaba metido en alguna mamada de deber algo o alguien quería hacerle algo si salía con una morra que no debía. ME voy más por la segunda, pero aunque él no necesitaba dinero sí era tan pretencioso que creía que nada le pasaba y que todo lo podía, como su mamá. A pesar de ser Elena mi amiga de hace tiempo, más por intereses del trabajo de cada uno, sabía que su hijo no era del todo inocente por la vida, Elena seguro también lo sabía pero en situaciones como esta uno espera lo mejor de la víctima.

Además de sí hacer mis investigaciones tipo ir a preguntar a posibles testigos presenciales qué es lo que vieron, no descubrí más que el físico de la muchacha y no era ninguna de las amigas o ex novias conocidas así que evidentemente no tenía nada. Me dediqué a buscar la manera de entrar a sus redes sociales, y trabajo no cuesta darse cuenta de lo que ocurre con poco analizarlo. Sus publicaciones eran pocas, todo era relacionado a reuniones, fiestas, salidas y asuntos generales, ninguna niña a la que mandara más mensajes más que a una. La verdad no pregunté a Elena si quería que hiciera esto o no pero ya hackeando su cuenta, bueno yo no, es que descubrí que sus mensajes privados eran otros. Omití varios con diferentes personas que pues sí debían ser privados y me llamó la atención una cadena de mensajes con una niña con la que no tenía tantas cosas en común, al parecer. El perfil de la niña, tenía tiempo sin actualizarse, más que algunos comentarios de sus amigos que preguntaban por ella. ¿Desaparecida? Ella lo último que intercambio con Rodrigo fue su teléfono, antes de eso hablaron de cuando se conocieron de adolescentes y de qué hacían ahora, el nunca dio referencias de su situación económica, aunque era obvio, y  por lo tanto para mí era sospechosa, ¿o víctima?

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Azul y Blanco

Por Liliana Rojas y Pau.